Anónimos.


En las reuniones para la comida de navidad podemos unirnos ochenta en la familia de mi pareja y sesenta en la mía. Luego a lo largo del año nos reunimos con ocasión del verano una docena de una familia u otra. En plan restringido tengo unas cuatro reuniones anuales con antiguos compañeros, otras tantas de amigos de mi vida, más la de solo hermanos con sus parejas, las mismas solos con parejas y una solo de hermanos varones. Estás últimas son semanales, resumiendo lo raro es no tener una u otra. Somos así en España y en toda la cuenca mediterránea, formamos clanes familiares, no es que todos se lleven bien pero ante cualquier adversidad o para celebrar una alegría solo es preciso una nota en el washapp oportuno para vernos. Esto viene a cuenta de algo que siempre he observado en películas del norte europeo o norteamericanas y son esas reuniones para problemas sicológicos o de adición donde perfectos desconocidos se abren en canal y cuentan su vida con todo lujo de pormenores, aquí en los países cálidos es muy raro. Me he preguntado el porqué y me lo aclaró un sobrino que además es sicólogo, me dijo es que en nuestra familia al menos hay cuatro o cinco de los ochenta o sesenta que tienen el mismo problema pero lo trata con ellos sin salir del grupo, tienen toda la ayuda igual que si necesitas un préstamo o que se queden con tus hijos porque quieres irte con tu mujer para recuperar tu intimidad. Es un concepto distinto de lo que es una familia. Mi madre murió con 96 años, sin perder su influencia en su extensa familia, llamaba, ponía de acuerdo a los enfadados, fomentaba encuentros, los nietos y biznietos organizaban comidas con ella, era la secretaria o enfermera de una consulta gigante, pero eso la mantenía viva porque nadie era anónima. Cuando se percataba de algo llamaba a los mayores, daba unos tirones de oreja y asunto concluido. 

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