Año Nuevo, amores viejos.


 Primer día del año 2024. Esta época navideña está siendo especial, lo es porque me ha llegado a través de estas redes tan denostadas unos mensajes, más bien cartas al estilo antiguo y nunca mejor dicho porque vienen del pasado. De mi pasado,  por la huella que por lo visto dejé en ciertas personas, mujeres todas. He sido y aún soy enamoradizo aunque ahora me lo guardo muy adentro. Cuando joven desplegaba como un palomo zurito todas mis artes, impenitente regalador de rosas rojas lo mismo que hacer coincidir una luna llena, ciertos callejones con patios llenos de jazmines. Buscador de exteriores se llamaría ahora. Me se mi ciudad de memoria y que lugar viene al dedo para esto o para aquello, de día o de noche. Me encantaban aquellas caras dejándose llevar hasta la calle del beso, donde rara era la que no pillaba la indirecta llevándome el sabor un par de labios en los míos. Amé tanto como me amaron, luego las cosas de la vida, de los estudios o las profesiones dictaban otros destinos. El cielo repartió matrimonios y mortajas a su antojó como dice el refrán, pero ha sido en estos días como en esas confluencias astrales que me llegaron desde allá muy atrás esas cartas preguntando cómo estaba, también creo con cierto nerviosismo por si me acordaba de ese tiempo de nuestra vida. Gracias a Dios mi memoria es en el tema mujeres de varios terabytes, así que les recordé desde el perfume que llevaban, el color de su falda, el beso por supuesto o los regalos que le envié. Alguna que otra vez me dio por arrepentirme de la barbaridad que me habré gastado en regalos pero al minuto siguiente he vuelto a sonreir recordando el placer que se siente al elegir y enviar un regalo hecho desde el corazón. Regalé libros con una rosa dentro justo en el pasaje que más me había gustado, bolas de cristal con su paisaje nevado, pañuelos de seda de Uclés, un comercio de la plaza del Salvador que ya no existe. Una noche en la Feria de Sevilla reconocí por detras sobre los hombros de una mujer uno de esos pañuelos grandes como un echarpe, aligeré el paso y nos miramos con una sonrisa, ella se lo ajusto un poco al cuello con suavidad, recibido el mensaje dije inclinando mi cabeza. Pues esta Navidad ha sido un regalo, porque las buenas cosas no se olvidan, da igual lo que nos depare el futuro, lo que importa es lo que fué aquel presente,  que los sentimientos fueron reales y aquellos días o noches no se olvidan, se olvida la mediocridad o la rutina. 
Después de borrar tantos contactos inútiles de mi lista mental brillan ahora aquellos que merecen la pena, los y las que pusieron de su parte para que no las olvidara.

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