Pasión, deseo, peligro.


 Y allí estaba ella, vino hacia mi con una sonrisa en Cinemascope y Panavisión y nos fundimos en una achuchón o apapacho que dirían nuestros hermanos de la costa oeste del Atlántico. De paso deslizó su mano bajo el faldón de lo chaqueta y me arreó un pellizco de monja mientras susurraba, estás perdido pedazo de cabrito. Saludé efusivamente a su marido zafándome del pellizco pero ella se agarró ahora a los dos. Que de tiempo sin vernos.....

La Feria de Sevilla es un lugar mágico, serán cientos de miles las parejas que se han hecho o deshecho dentro de ella. El colorido, la música, el baile, el alcohol moderado, en el carcaj de cupido son todas los dardos posibles para que caigas en el amor, el deseo y la pasión que pueden sentir dos seres humanos. Unas veces son el primer roce de dos cuerpos plenos de hormonas y otras llenos de recuerdos. Dos cuerpos pueden volver a vibrar en un solo abrazo como hicieron años atrás en aquel hotel coqueto. Descorre sus cortinas el olvido dejando pasar aromas de jazmín de una noche de verano, dos cuerpos mirándose en el balanceo mágico de la pasión. 

Recuerdos. La Feria son entre muchas cosas un malecón donde vuelven las olas de los recuerdos en sucesivas mareas con chales de espuma penetrando por las grietas que deja tu memoria. Basta dos ojos, una mirada y una sonrisa para revivir todo. Si hubiéramos  estado solos nuestro beso hubiera mudado solo unos centímetros de lugar.

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