Anochece pronto.


 Los últimos días de sol de otoño están por acabar y el teatrillo de no se qué ponerme se aclarará este fin de semana. Las más resistentes tendrán que guardar sus sandalias y meter prisioneros sus pies en zapatos cerrados. Las mangas cortas se harán largas y la rebequita pasará a chaqueta liviana. La verdad es que lo que se llama frío aquí es un mes más o menos en enero.  Mientras, seguiremos disfrutando de ir ligero de equipaje como dijo Don Antonio. Hoy la oscuridad vino pronto, me ha pillado escribiendo recuerdos a la espera de ir a la cocina a inventar la cena de hoy. Pensando en cómo cenar comiendo poco, me he acordado de cenas magníficas de tiempos donde se comía y bebía sin calcular hidratos, sobretodo de esas cenas que tenían segundas partes en algún precioso hotel junto al mar con ocasión de  algún preverano. Momentos y personas van unidos de la mano y fueran tardes de juego con tu mejor amigo, charlas interminables de madrugada, paseos kilométricos con la primera chica que llevaba tacones y sujetador talla C. Es como desplegar ese álbum que todos tenemos en el estante del salón, es como una bola de cristal mágica, una máquina del tiempo que nos dibuja sonrisas al llevarnos dando saltos de un tiempo a otro, de unos brazos a otros, de una noche a otra, no se si por otros lados yo seré un instante, una tarde o noche en la máquina del tiempo de otra persona. He descubierto alguna pista para tal secreto, ver desplegarse una sonrisa y en sus ojos por un momento una pícara mirada que yo comparto al volver a saludar a alguna señora pasado ya el tiempo.

Comentarios

Entradas populares