Padres.
Las madres me miraban con cara de ver un bicho raro cuando iba con mi hijo en su carrito al parque, se sentaban todas juntas en los escasos bancos charlando en voz baja y girando sus cabezas hacia mi. A los pocos días como quien no quiere la cosa se me acerco una de ellas preguntando a qué colegio iba mi chico, a la quinta pregunta se interesó si era viudo, luego que si era separado, cuando conteste no a las dos preguntas insistió sobre si mi esposa estaba enferma, no le dije, trabajando es médico en un hospital y está de guardia. Ah bueno entonces usted no trabaja, error, soy lo mismo pero hoy no tengo guardia, simplemente nos alternamos. Entonces su crío estará como loco, cada día con uno, no sabrá quién es quien. Lo mismo en las reuniones del colegio, la consulta del pediatra o la catequesis. La verdad es que jamás llevamos la cuenta los dos, ni con el primero ni el segundo. Pero si es cierto que en aquellos años era el único padre que realizaba esas funciones que se cree solo de mujeres y hoy me alegro muchísimo por los años vividos juntos. Hoy un padre con un carrito es de lo más normal, incluso diría que se comportan con más mimo y cuidados que hice yo. Aún hoy mi hija menor me envía a sus treinta años a comprarle ropa y zapatos, dice que tengo mejor gusto que ella misma. Creo que es una forma de cuidarme ella a mí. Hoy veo corrillos de padres en el parque con sus hijos, casí tantos que parejas con perros, perrijos les decimos, no saben lo que se pierden, gente aterrorizada por la responsabilidad prefieren a un animal antes que un crío. No saben que se condenan a la irrelevancia porque te guste o no existirán mientras te recuerden.



Comentarios
Publicar un comentario