La calma.


 Que vas a querer de cenar le pregunto cerrando el libro o quieres que pidamos una pizza. Ahora que lo pienso llevamos más de una hora sin hablar. Ella levanta la vista, me mira, sonríe y vuelve a lo suyo. La tarde ya ha declinado hace un buen rato, de vez en cuando ella o yo pregunta o responde a una pregunta mía que hice hace un buen rato. No es que lo haya estado pensando, es que el tiempo transcurre como la olas del mar a final de agosto, pequeñas, muy espaciadas, sin ruido al acariciar la arena, simplemente van y vienen. Así es nuestra conversación, sin prisas, incluso podemos llevar dos o tres temas en la misma charla. El amor revolotea por la habitación como esas olas de agosto. Ella y yo hemos aprobado el examen de querernos hace muchos años y no es que de vez en cuando un rayo explote sobre nuestras cabezas porque donde hubo fuego quedan brasas, sobretodo si vinimos al mundo con un carácter fuerte. Muchas veces nos reímos porque sabemos  las respuestas antes de hacer la pregunta. No te metas en faena, pide una pizza me responde. 

Comentarios

Entradas populares