Dormir juntos.


Es un arte en su mismo porque cada pareja tiene su método, su arte, incluso su posición porque según veo hay países donde el hombre o mujer ocupa el lado derecho o izquierdo. La mayoría de las veces el o la que es más friolera o friolero elige apartarse de la ventana o terraza si la hubiera. De todas formas durante la noche se cambia unidos o por separado de posición, ahora es él quien abraza a ella por detrás o viceversa. A mí me encanta cualquiera de las dos maneras, sin embargo existía un detalle y era si ella tenía el pelo largo o corto. Cuando dormía con una chica con melena tendía a enmarañarme con su pelo dándole tirones, así que me daba un par de empujones para que me volteara. También dependía de la temperatura, si era verano o invierno o en la etapa de la pre menopausia un verdadero calvario para los varones como sufridores ajenos. Pero nada iguala al placer de estar al lado de la mujer que amas o te atrae o ambas cosas a la vez, el juego con los pies, el voltear la trasera de manera que te caigan justo la mano. Me encanta la piel con piel porque no se necesita pasar por una consulta sicologica para saber si vives con o a pesar de. La piel de una mujer es una foto del universo, como el globo de cristal de una médium o el libro de Julio Verne sobre Cinco semanas en globo. En ese maravilloso cuento de la Princesa  prometida me despierto a eso de las cinco y recorro su espalda  su trasero, su pubis, su........todo. Ella sí hace la dormida adivinando cuáles serán mis pasos siguientes si hacia los labios de su boca o el clitoria en sus labios de abajo. A mi me da igual porque viajar por el mapamundi de su piel es lo que Stanley o Livingstone soñaron.   

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