Jueves.


 En otro tiempo le enviaría un poema, mío o de otro autor, rosas quizás, en ese caso tres en un ramito coqueto. La invitaría a un café a media tarde, con tiempo para enlazar con una copa. En otro tiempo jugaba con la posibilidad de una cena y quien sabe, en otro tiempo claro. Han cambiado mucho las cosas, primero yo mismo, luego las costumbres y por último ellas. Ni siquiera sé si las palabras que yo les decía hoy causaría el mismo efecto. Recuerdo que sus pupilas se dilataban, brillantes y acuosas, miraban mis manos y mi boca con fijeza, yo rozaba con la punta de mis dedos los suyos, no los retiraban, los dejaban allí sobre la mesa como rehenes de lo que iba a llegar. Aquel juego de la seducción se ha quedado sin lugar porque el resultado se consigue o se regala desde el  inicio, no me refiero al corazón. Claro está que ya no es lo mismo porque cuando era una conquista el premio tenía un gran valor, hoy lo regalado es gratis. No obstante me resisto, no le enviaré aquel poema, tampoco las rosas, ni siquiera el café porque todo sucederá al subir o bajar una escalera el próximo jueves, le esperaré que baje mirándola con una sonrisa, abriré mis manos, tomando las suyas, besaré su mejilla, pero lentamente provocando un silencio, un detener el mundo. Te he echado de menos le susurraré al besarla. Es curioso que sea hoy el corazón lo ultimo que se conquista.

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