Seres emocionales.
Analfabetos emocionales le oí decir a una contertulia de un programa de TV sobre lo que eramos nosotros los hombres. En un primer momento estuve de acuerdo con ella pero pasado el tiempo he llegado a la conclusión que tampoco hablo chino mandarín y aquella contertulia si, así que al menos yo soy analfabeto del Chino y de todos los idiomas hablados en el planeta tierra pasados o presentes que no he aprendido. Me encanta el mundo de las mujeres, mi familia que era y es enorme está compuesta de una mayoría de ellas, me educaron como a cualquier varón de mi época por eso creo que todos nosotros de tener algún defecto lo tendremos en común. Tengo recuerdos desde los cuatro años allí en el patio de la casa de mi familia en el pueblo. Llegué a conocer a mi bisabuela y sus cuatro hijas con sus familias todos viviendo en aquel caserón inmenso. Al ser un niño estaba todo el día a sus cuidados, así que allí en medio aprendí todo lo que cualquier niño varón podía aprender de ese mundo de las emociones con que nacen las mujeres, es decir nada, quiero decir directamente. Aprendí un poco a base de observación de sus conversaciones aunque para mí era algo enrevesado, los varones recibíamos cuatro o cinco enseñanzas inapelable sobre como comportarnos, no llores, no te quejes, se fuerte como los hombres y habla solo cuando te pregunten. De los pocos varones de la casa aprendí a montar a caballo, hacer espadas y pistolas de madera y a no meterme en peleas, pero si era inevitable que fuera el ganador. Recuerdo que las niñas de la casa lloraban, eran abrazadas, charlaban, reían y todo eso que yo no podía hacer ni decir. El mundo emocional es un idioma que los hombres vamos aprendiendo ya de mayor pasando de una mujer a otra. Aprendes por ejemplo a callarte lo que piensas porque hablar o discutir solo termina peor, aprendes a qué las mujeres son felices y se alegran de llevar la razón siempre, a qué nunca te dicen toda la verdad, a qué la gran parte de sus lloros son solo estrategias y a qué te aman cuando dicen que no lo hacen y lo contrario también es cierto y que el sexo es una mezcla de la lámpara de Aladino y el comodín de una partida de poker. Todo cambia cuando llegas a los cuarenta y aún tienes el interés de descubrir que pasa por la cabeza de esa compañera y pareja de la que sigues aún enamorado. Es justo esa la edad cuando las urgencias cambia de sexo. A partir de ella los hombres tenemos un superávit de ofertas incluso de las mejores amigas de nuestras esposas, en mi consulta me dejaban papelitos con números de teléfono sobre la mesa, washapp, emails. La conclusión es que vivían lo mismo que nosotros con quince años o más, pánico a no ser atractivas, guapas, interesantes o mejor dicho pánico por saber qué idioma hablamos los hombres. Es la parte interesante de la vida, el como os vemos para intentar volver a tender puentes, entender que al menos la mitad de las veces llevábamos razón, que hemos pasado épocas peliagudas por dentro en el más absoluto silencio, que papá no estaba raro sino que tiene dos analíticas alteradas hace meses y no sabe cómo decirlo porque los hombres no lloran ni se quejan. Dejamos de ser analfabetos emocionales conforme aprendemos de mujeres dispuestas a enseñarnos su propio idioma y a cambio de nada. Solo por el placer de ser compañeros de viaje en esto de vivir. Por eso he elegido esta imagen para este post, porque solemos decir de nuestras mascotas que parecen que nos entienden. Lo bueno es que ahora hay otro tipo de hombre, al parecer los han enseñado a ser todos eso que no éramos. Les deseo suerte.



Comentarios
Publicar un comentario