En todo tiempo y edad.


Necesitamos enamorarnos de alguien o de algo, sentir esa explosión de la vida en nuestro interior ya sea una melodía, un paisaje, en párrafo de una lectura, un cuadro o unos ojos allí enfrente nuestra que por un instante nos mira tan intensamente que respondemos poniéndonos bien el pelo, las solapas de la chaqueta, o ellas mirándose apresuradamente al espejo del bolso por si lleva algo fuera de lugar. Luego vuelves a mirar y allí están esos ojos mirándote fijamente. No es un error y menos que bajo esos ojos sus labios esbozan un sonrisa dulce. A mi edad piensas para no pensar. Esa es la razón de la inquietud y de insistir en mirar una y otra vez esos ojos de ese hombre o mujer, que es lo que está viendo en mi, si ya no soy aquella o aquel de joven, tengo arrugas, canas ennel pelo, kilos de sobra que malditos sean no quieren irse, como esos hijos o nietos enmadrados que le tienen pánico a volar. Ay si yo pudiera tener aunque fuera cinco minutos de poder volar aunque fuera bajito como una golondrina. Es esa mirada la que me empuja a pensar, seré aún joven, me dirían que estoy guapa, puedo gustar a alguien, cuanto tiempo hace que no veo ese interés en unos ojos. Lo horrible del tiempo es la rutina que finaliza en la invisibilidad. Me gustaría poder cruzar los escasos metros que me separa de ella y decirle que me ha vuelto a poner de pie en la vida, que solo necesitaba ser yo mismo, tener nombre propio y no querida o querido, el amor con la edad  puede ser un edredón calentito que nos une o una valla que nos encierra. Mi semana santa te ofrece la oportunidad de dejar de lado el tedio y la rutina, te vistes con lo mejor, la costumbre dictaba que el Domingo de Ramos el que no estrena algo se le caen las manos. Todos salimos con algo nuevo, una corbata, unos zapatos, un peinado, una sonrisa porque no. Lanzarnos a la calle a navegar entre amigos y conocidos. Colocarnos entre dos filas de personas dejando sitio para que entre esas dos filas discurra el cortejo. Caras conocidas o desconocidas, viejas, jóvenes, del barrio o extranjeras. El mundo es diverso y entre la multitud es curioso que recuperas la individualidad. Aquí estoy piensas, el o la que se atreva aquí me tiene, dispuesto o dispuesta a vivir, a engancharme a la vida con todas mis fuerzas.

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