Regresar.
Vivimos en un eterno viaje de ida o vuelta quizás ambas cosas a la vez y sin necesidad de movernos. Volvemos, al desear regresar a algún sitio, una Ítaca que todos tenemos en nuestro corazón e imaginación. Casa, jardín, océano, un cuerpo de mujer o de hombre, un atardecer, una brisa, el perfume de un jardín al amanecer. Ítaca son todas esas cosas. Dicen que por un beso en los labios sabemos que somos el uno para el otro, cosas del ADN según parece, pues igual sabemos que en un sitio nos esperan, puede que allí no haya nadie, no importa estamos nosotros, una parte de nuestro ser, de nuestra alma queda transida en la parra del patio, en la ventana que da al mar, ese yo es el que es espera nuestro regreso. Y porqué ese ansia de volver que tenemos todos, quizás por leer la última página de nuestra novela, nuestra vida.



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