II. La admiro.
Hoy le he dicho a una mujer que la admiraba, abrió los ojos mucho y me preguntó porqué, así que pase a detallarle su dedicación, sus buenas maneras, el sorprendernos cada semana con innovaciones en su trabajo, en suma en que pensara en nosotros, en mí como uno de ellos, más aún que todo esto lo llevara a cabo en sus horas libres los fines de semana. Durante decenas de años mi dedicación fue a la medicina y hasta el último fin de semana no dejé de prepararme y estudiar porque créanme cada cinco años lo que estudiaste en la universidad se ha quedado anticuado y no puedes dejar que se mueran tus clientes. Por eso le dije que la admiraba, sentí desde el primer día su amor a su profesión y su respeto al público para el que trabaja. A mí nunca me dieron las gracias por seguir estudiando cuarenta años más, creo que no lo pensaron, por eso me he adelantado a reconocerselo. Mi premio fue una sonrisa enorme y una mirada dulce y agradecida. En la gente común que no somos nobles ni famosos el mayor tesoro es ser reconocido.



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