En sus brazos.



 Todo hombre tiene tres vidas: la que ha vivido, la que ha contado y la que nadie más conoce. Porque como si una llave misteriosa te susurrara al oído que no puedes contar lo que solo el cielo te regalo en unos años de tu existencia. La magia no debe ser compartida nunca porque acaso no te has dado cuenta como algunas personas te miran?. Fijan su morada en tus ojos, luego en tu cara, después se alejan un poco para verte al completo. Es tu aura, una débil luz que te envuelve, una luz que te regalaron un día en que te enamoraste de otra persona sin traba alguna, sin mentiras ni secretos, un amor sin límites, eso que otros hablan de locura. No tuviste que decir ninguna declaración de amor, no tuviste que entregar ningún regalo pero lo hiciste a cientos, grandes y pequeños, solo detalles como muestra de eso que sobresalía por las yemas de tus dedos. Cuando desde otro mundo, otra dimensión, quizás el cielo recibes ese regalo debes vivir ese tiempo en esa compañía. El caso es que en la casi totalidad de los casos solo dura un tiempo. A veces un instante, meses, quizás años, pero lo guardarás dentro de ti. Ese amor no es comparable a lo que el mundo corriente habla de él, es una mezcla de pasión, de locura, de ausencia de tiempo y lugar. Un día como la niebla en el mar se disipa, los dioses retiran su manto y vuelves a la realidad. Todo sigue como si nada hubiera pasado, solo tinte habrás dado cuenta. Estabas en las nubes te dirán, exacto, es desde esas nubes que fuiste señalado. Jamás lo cuentes a nadie, la magia y el regalo desde el más allá solo es una muestra de bienvenida para cuando debas irte a otro lugar. A cursar de nuevo aquellas aguas y adentrarte de nuevo en la niebla.

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