Los otros días.


No sé cuando me fallará la memoria y no recuerde alguno de los  muchos y maravillosos días, quizás no me importaría olvidar muchos de los desagradables días que he vivido pero si una cosa me intriga, el por qué no tengo ni buenos ni malos recuerdos de ese casi 80% de días de mi vida. He intentado un millón de veces  recordar la cara de aquella chica allí en el paseo marítimo de Ceuta, a la que deje atrás por ser un hombre que cumple con la palabra dada a otra chica. Cumplí mi palabra pero fue una malísima decisión, pero ahora después de todos estos años me pregunto en qué he empleado los miles de días en que parece que no hice nada, ni bueno ni malo, ni enamorado ni desenamorado. En una tiempo puse un menú semanal, mensual y anual pegado en la pared de la cocina así que si me preguntan que hice un martes la respuesta es que comí lentejas, se fuera miércoles hubiera comido albóndigas con pasta. Pero no si hice el amor con alguien. El caso es que si me preguntaran hoy con quien hice el amor en los últimos cinco años podría dar pelos y señales de día, hora, dónde y con quién. Eso es en lo que pienso hoy, en lo que no hemos hecho, da igual si fue bueno o malo, preferiblemente elegiría recordar lo bueno y no solo en lo del amor o sexo, me conformo con la compañía de otro ser humano, a ser posible de varios a lo largo de los días, de las tardes, noches y años por venir. Como hice cuando estaba en el ejercito y despues vi hacer a mi madre, tacho con un X el día en el almanaque cuando me voy a dormir, además procuro haber hecho algo distinto cada día, cuando menos meterme en la cocina y preparar otra cosa en vez de lentejas o albóndigas. María Teresa se llamaba aquella chica de Ceuta, se que estudió Farmacia, pero perdí su foto, sin embargo recuerdo una falda de cuadros escoceses verdes. También que era guapa y muy buena persona. Y el único beso que nos dimos en los labios. 

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