Un toque inocente.
No es solo un sentido, el tacto es un idioma que todos hablamos ( bueno, no todos ). Podemos saber muchísimas cosas con solo rozar una mano, apoyarla un instante sobre el hombro o deslizarla sobre la cadera de manera inocente de una dama. Y la dama sabrá sin ni siquiera volver la cabeza si es una mano inocente (no todos somos inocentes ). Claro que tendría la dama de explicar su idea de inocente. Nuestra piel es una extensión de nuestro sistema nervioso y conecta nuestro cerebro con el exterior, precisamente con esa mano que acaba de tocarla o acariciarla, primera distinción que realiza esos corpusculos bajo su epidermis. Temperatura, presión, calor junto a la oportunidad y privacidad diferencia un sobón de un caballero. Un sutíl toque que se traduce en; usted me gusta, desearía conocerla, querría cenar conmigo? Nada de te voy a hacer esto o lo otro en el mismo ascensor. Quizás en algún momento de su vida a la señora necesite un mecánico de coches o una grúa y de camino algo de fast food sin charla previa ni posterior (por favor evitemos explicaciones ni otros epílogos). Alguna vez tuvo que preparar una cena para los jefes de su marido preguntando en Google donde van los cubiertos y las distintas copas de vidrio. Pues eso lo trae de fabrica y así se lo hace saber el señor que acaba de pedir por favor le perdone al ir a pedir un cocktail a la barra y tocarle la cintura. Su marido la mirara intrigado por su sonrisa y la mujer de él desde el otro lado del salón habrá visto fotograma a fotograma la escena con cara de disgusto y suspense esperando ver una sonrisa, el asombro o simplemente nada en la de ella. No siempre uno es Bond, James Bond, así que imagine otras zonas de su anatomía que multiplica por mil los impulsos desde allí al.......paraíso.



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