Nadie.


 Estábamos en un hotel de un pueblo lo cercano, yo lo había elegido por tener una cama grande con dosel. Un gran balcón se asomaba a la playa del pueblo y sus visillos bailaban bajo los dedos de la brisa. Aquella mujer de entre todas las que he conocido le gustaba hacer el amor, no solo lo gustaba sino que tomaba el mando para que la besara, achuchar, lamiera, acariciara y todos los verbos que se pueden aplicar o depositar sobre su piel. Por supuesto ella hacía lo mismo que pedía, un toma y daca perfecto. En un determinado momento no nos pusimos de acuerdo y que si yo o tu se pone arriba terminamos rodando y cayendo al suelo, yo abajo por supuesto. Mi cabeza fue la primera en entrar en contacto con aquel antiguo suelo de ladrillos rojos, pensé en ese momento en el chichón que tendría mañana, sin embargo lo siguiente fue mejor. Por fin te vas a quedar quieto y acto seguido tomó el mando,  cuando me canse te tocara a ti. Eso fue un enorme halago, el suponer que seguiría vivo después del golpe y de ella. Nos reímos luego durante la cena en  aquel restaurante coqueto recordando la escena. Yo rememoré otros lugares como en Granada, Mallorca o Santander cada uno distinto pero todos maravillosos porque en todos hubo una cosa maravillosamente indispensable, estar junto a una persona que le gusta hacer y que le hagan el amor. Nadie debería pasar por esta vida sin estar con alguien así. 

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