IV. Volver a enamorarte.
Todos recordamos nuestro primer enamoramiento, es como tener un pié en el cielo y el otro buscando a tientas donde apoyarlo. Que mal se pasa sintiendo las taquicardias, buscando sus ojos por si te mira o no te mira, pero cuando te mira o te sonríe entonces no sabes donde meterte, si bajo una mesa, detrás de la cortina o en mi caso bajo el agua. Eso y que cuando le hablas eres una ametralladora pero también te puedes volver mudo y una cosa que tú no sabes a esa edad es que todo el mundo se ha dado cuenta y están pendiente tuya. Lo extraordinario de enamorarte a mi edad es que eres el primero en darte cuenta que haces el idiota a la vista de todos. Por eso decides que hoy al entrar no la vas a mirar para no ponerte nervioso, así que pasas en plan zombie a su lado, ella me mira de reojo y siento que las rodillas son como de plastilina y me sale un saludo bastante estúpido, cuando lo que me apetecería es darle un beso de buenos días, jejejejejej un beso. Hace un año le di mi regalo en navidad, lo miro, sonrió y me dió un par de besos . Como si que tuviera quince años estuve una semana levitación como Aladino en su alfombra. Volver a enamorarse a mi edad es peor que a los catorce años, no es que lo vivas como malo, que va, es algo tan maravilloso como la vez primera, incluso diría que mejor, porque en el primero yo tenía la duda de ser correspondido, pero ahora se que no será nunca, no estoy tan tonto. Pero si les digo que lo maravilloso es que eres capaz de enamorarte de una mujer, de poder soñar con ella, de ponerte a escribir éstas cosas de madrugada que nadie conocido leerá y menos ella. Me moriría de vergüenza aunque me encantaría que lo hiciera porque nunca me atreveré a decirle... que es hoy la mujer más bonita y excitante de todo el universo, que me encanta esa fuerza en todo lo que inicia, que también por toda esa experiencia de los años vividos conozco cuales son sus miedos, su lado romántico, su debilidad dentro de su gran carácter. Pero eso es lo que la hace tan mujer. Así que varios días a la semana la veo y procuro no hacer el idiota. Admirar su pelo, sus ojos, su sonrisa, sus piernas, incluso cuando se enfada y hace ese mohin con la boca y sus ojos. Envidio al hombre que vive en su vida y rezo para que la haga muy feliz.



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