Aciertos y errores.


 Somos el resultado de ambas cosas, el porcentaje de aciertos y errores en nuestra vida, aunque definir cada uno de ellos pueda ser difícil. Uno de los mayores aciertos es terminar una relación personal a pesar de de que a los ojos de los que nos rodean les parezca fabulosa. Pueden tacharnos de fríos y calculadores o peor ser despistado al pasar de largo de un mirlo blanco como decimos aquí y a veces es verdad, pero todos llevamos una especie de detector de problemas. Cuando elegimos quién nos va a acompañar toda la vida son muchos los factores que lo deciden porque como en los discos de vinilo tenemos una cara A y otra B. Sobretodo es la B la que nos indica si la persona estará a nuestro lado en los momentos grises y difíciles. A nuestro lado me refiero a que no nos va a regañar, a no quitarnos la razón, a soportar los caprichos, incluso a estar a nuestro lado en los dolores y enfermedades que ya se sabe que en los hombres siempre son mortales. Por contra es destacable cuando los hombres estamos a su lado, en esas inseguridades, en los ataques de cucarachas o ratones, en las peleas con su madre o sus hermanas, en esos kilos de más, en las arrugas o en la fuerza de gravedad. Siempre estaremos contra las cuñadas y demás brujas del universo, es un quid pro quo desde Adán y Eva.

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