De vocación misionero.
Escribía la última vez sobre el kamasutra en plan guasa, un modo de enfocar la realidad entre lo pícaro y lo divertido, la guasa estoy gaditana que es el territorio donde paso los veranos junto al mar. En cuanto al libro en cuestión yo me considero misionero vocacional por lo de la postura preferida. Ahora lo de moda es la del perrito que es cosa de patricio romano, los optimates que era la clase sanatorial le hacían el amor en esa postura para demostrar la autoridad sobre las mujeres, era dejarla en una postura de sumisión. Yo ni por dinero ni por la época me siento optimate así que me inclino y nunca mejor dicho por la del misionero, además tiene mejores vistas, permite hablar, o susurrar, también ver la cara de ella y calcular si tenía que contar más o menos ovejitas para hacer coincidir los gritos finales antes del aleluya. No es que otras no sean buenas, porque en una sesión de sexo da tiempo para intercambiar el mirar la almohada o el techo, en la variedad está el gusto, sin embargo con casi todas el aria de la mezosoprano era la del fraile habilidoso. Pero el tiempo no pasa en vano y como nadie se mete en faena con las gafas puestas, al menos con alguna pareja que recuerdo que parecíamos más una pareja japonesa de sumo, pues las gafas hubieran terminado hecha añicos, así que mejor sin ellas, pero eso tarde o temprano vuelve borrosa la imagen de sus caras y comienzas a mirar otras partes que te caen más cerca, por ejemplo las plantas de sus pies. Es curioso la variabilidad de tamaños de los pies, de los dedos, de si un pie es agraciado o más tirando para futbolista, también los juanetes, los talones. De los talones casi puedo escribir una tesis, una mujer define su personalidad hoy en día por los pies, aquello del código de barras por las arrugas de los labios, o las patas de gallo de los ojos pasan a partir de la edad de las gafas a segundo plano porque su amante lo que verá son las plantas de sus pies si también como yo tiene vocación misionera. Más que una esteticien recomiendo yo a mis amigas examantes que se cuiden los pies. Sin embargo nosotros sí debemos cuidar la cara, los pectorales y el contar ovejas, un implante de pelo en la frente no es mala idea, tipo marine por ejemplo. Bueno debí haber cambiado de especialidad en la facultad, además ahora no llevo gafas.



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