Es difícil lo de ser hombre hoy.


Mi rival en la adolescencia frente a las chicas de mi pandilla eran dos, uno con más estatura y un flequillo enorme y otro bajito pero con una gran facilidad de palabras. Eso al menos lo suponía yo por la actitud de ellas frente a esos dos tipos, muchos años después me enteré de las chicas tenían diferentes maneras de expresar sus gustos y admiración, nos elegían con otros parámetros. Conforme pasaron los años adapte mis estrategias a las de ellas, pero seguía fracasando porque ellas tenían otras distintas y se repitió lo mismo a los largos de los años de manera que nunca estábamos de acuerdo nosotras y ellas. El problema de la rivalidad se oscureció más tarde por cosas que antes no existían, por ejemplo un puesto de trabajo o por un status superior en la empresa. Ya no nos observábamos por ser de distinto género para nuestras relaciones humanas, ahora el encanto se frenaba o aumentaba por el tema laboral. Luego el matrimonio era un tema positivo o negativo, con una subía tu cotización en el mercado femenino que disminuía con otra. Más tarde comenzaron a salir a la luz los múltiples sexos dentro de los géneros, lo mismo te tiraban los tejos uno que llevaba contigo veinte años y ahora te dice que estaba enamorado desde el instituto que la que te gusta se marcha con una amiga, para colmo los trans que se van una tarde con aspecto de motero y vuelven con tetas, al revés también. Terminé mareado sin saber con quién ir a tomarme una copa. De adolescente me gustaban las que tenían melenas largas, luego las tetas grandes, luego un culo respingón, algunas tardes me tomo un gintonic con el cura de mi parroquia y hablamos de todo. Tú cómo te las apañas en el confesionario, pues parece una consulta siquiátrica responde, quieres confesarte acaso me pregunta, pues me daría vergüenza no tener nada que decir le respondo.

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