De paso.
Estamos de paso por este planeta y este siglo que vivimos, estamos de paso por la vida de los demás y ellos por la nuestra. Nadie sabe exactamente porque mantenemos entre las personas que nos acompañan en esta vida a algunas hasta el final de nuestros días mientras algunas que parecían mejores o más atractivas solo duraron un tiempo. No me refiero a la distancia física que nos alejan en unos casos, sino a la afectiva. El estar confinados por causa del COVID creo que ha sido devastador para las agendas de todos nosotros. Miles de contactos pasaron al olvido sin un pequeño recordatorio o epitafio. No se ustedes pero me resistí un tiempo llamando o enviando notas o mensajes, para nada. Personas que antes mantenían un contacto más o menos continuo. Relaciones personales de años estrechas y casi familiares. Que pasó, aún hoy me pregunto, aquel virus fue una excusa o coartada, que hicimos mal los meses antes para que nos mandarán a la papelera del olvido. Después de aquello tenemos una explosión de ganas de conocer gente, de viajar al rincón más remoto o pertenecer a grupos de lo más heterogéneos. Vamos por calle mirándonos a los ojos como buscando al amigo o al amor que aún no conocíamos, nos sonreímos en el bus, en la cola del supermercado tendiendo puentes de amabilidad a los desconocidos. Hoy estamos y mañana no lo estaremos sin una despedida en la vida de los que creíamos conocer. Me pregunto que pensarían o que sentían de verdad por mí antes del virus. Tan intrascendente era el afecto que decíamos sentir. Estamos de paso esa es la única verdad.



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