No somos británicos.


 Aparte de López de Vega quizás Lorca haya sido quien retrata mejor el alma española, la pasión en todos los momentos de nuestra vida. Puede que sea que no sabemos dónde poner el límite a partir del cual las cosas se pongan serias, nos falta marcar esa distancia como hacen los británicos que les permite encontrar una salida antes que todo se deteriore. Nuestra pasión impide encontrar una repuesta a la divergencia que no sea romper por las malas. Por eso cuando alguien habla de que se lleva muy bien con su ex todos miramos con cara de sorpresa y decimos que parecen británicos. Si añades que el menor de los hijos ya es adulto las posibilidades de cruzar dos palabras habladas por teléfono habladas con tu ex son muy escasas y cara a cara casi imposible, así hasta que vas al tanatorio a despedirla con los hijos de ambos. También es algo bueno para las segundas parejas pues tienen la absoluta seguridad que sú esposa o esposo no le engañara jamás con su ex, antes se volverían gay o lesbiana. Un rasgo bueno o malo según se mire es que los españoles somos de sangre caliente, somos nosotros los primeros en reconocerlo por eso quizás aguantamos más de lo preciso las primeras dudas o detalles antes de encarar el tema y cuando ya no puedes más estás como una cafetera llena de presión, a partir de ese momento trazas una raya en el suelo y solo hablamos en presencia de los abogados. Por eso las relaciones posteriores están tan deterioradas que ni siquiera aguantan un café en un bar para hablar de algo. Ahora mismo el grupo social de personas divorciadas es enorme y las que mejor lo llevan son ellas, no se porqué se socializan más que nosotros, de hecho no se ven grupos de hombres, salvo a los que practican deporte con la bicicleta que forman verdaderas sectas entre ellos. En fin creo que deberíamos copiar a los británicos y su celebre "flema" y dejar el acaloramiento para el clima. 

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