De tardeo.


 Ella adelantó su mano y rozó sutilmente la mía manteniendo el contacto unos segundos, deslizo la yema de sus dedos por la palma de mi mano sonriendo mientras nos saludaba a los dos. Más tarde en el agua de mar coincidimos o no, creo que no, volviendo a alargar su brazo buscando de nuevo mi mano como por sorpresa. Hace ya una docena de años la sugerencia se envolvía en un cruzar las piernas o un botón, ese preciso botón desabrochado de su blusa dejando dos sugerentes golosinas a mi vista. Luego vinieron los mensajes con muñequitos llenos de besos del todo inapropiados para los que ya vivimos en la sexta planta. Ahora las invitaciones a un encuentro,  de esos que van desde dos cafés a toda una tarde con peaje en cualquier hora, tardeo se llama a esas horas entre el mediodía y la madrugada donde caben, varias copas, una peli y buen sexo cuando sucede, que tampoco es necesario. Es lo bueno de los años, que un buen polvo es igual de agradable que una buena charla, pero cada vez más difícil de encontrar  uno y otro porque falta lo principal que son personas adecuadas. Conversar y el buen sexo necesita como la buena cocina de arte además de ingredientes. Todos queremos ser especiales aunque sea por una tarde y si aún no lo has sentido es una búsqueda eterna. Lo mejor es que ya no busco ser especial, ese examen lo pasé con matrícula con una mujer maravillosa hace años. De vez en cuando nos acordamos y nos enviamos un muñequito lleno de besos. 

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