Añoranzas.
Determinadas personas, lugares y épocas son las que marcan nuestra vida formando un conjunto que juntas dan lugar a una emoción, porque son las emociones, los sentimientos los que dan lugar a las historias que todos tenemos en la mente y el corazón. Da igual que fueran días, meses, años o incluso solo unas horas y allí nos queda un regusto dulce en nuestra imaginación. Es tal la fuerza de la emoción que recordamos los detalles más pequeños. Cómo peldaños que uno tras otro nos lleva a alcanzar un estado que cada cual identifica como felicidad. Viajamos por la vida con una maleta imaginaria con nuestro primer libro, viaje, el roce de una mano, el primer beso, la primera noche de amor sobre la arena o en aquel hotelito que luego volviste solo para rememorar aquellas horas. Por supuesto que una parte esencial es la edad y lo efímeros que fueron aquellos sucesos porque el tiempo lastimosamente aja las relaciones humanas. Imaginarte ser joven también es parte de la bondad de la añoranza, aunque sin perder de vista la realidad del hoy que vives. Cuando dejas de luchar contra el tiempo que ahora prometen remedios milagrosos o los mantras de una inacabable vida atada al sexo y aceptas que las arrugas y la gravedad son fuerzas muy poderosas que sin embargo te ofrece una excelente coartada para dejar de perseguir unicornios azules.



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