La edad del cambio.


Lo siento mucho, pero me puede la pereza en lo de invertir mi tiempo con algunas señoras que me aparecen en las redes publicando a todos los vientos que son mayores de 60. Visten bikinis compresivos metalizados que muestran dos tetas tamaño Playboy de aquellos años 60, curiosa coincidencia. Por supuesto le han pasado la IA a todo meter pero dejando unas arruguitas aquí y allá. La industria del entretenimiento no tira la toalla y sigue incitando la compra de dildos, satisfyer o consoladores para que me entiendan, además de cremas lubricantes, vestidos elasticos y un largo etcétera para esas señoras que luchan contra el dios Cronos. Por contra una cantidad enorme de señoras se han cortado el pelo, teñido o desteñido de color blanco mezclado con grises o algunas puntas de color, vestiduras holgadas de colores vivos y zapatos cómodos pero de diseños. Me confiesan que debajo han desenterrado la moda hippie de no llevar sujetador y lo que me hace desternillar de risa es su opinión sobre la parafernalia del sexo. Opinan qué lo bueno de la jubilación es haberle dado la invalidez perpetua a sus maridos, con ello han recompuesto relaciones, firmado acuerdos antironquidos y poder viajar por fín a esos raros lugares donde sus madres se negaron a dejarlas ir. De compartir cama a compartir tiempo,  cada edad  tiene su tesoro y llega mi oportunidad de sacarle partido a mi mejor don, conversar sobre mil cosas.
Pues ahora me centro en mi, esta mañana me fui a una sastrería que aún pervive gracias a un monton de sevillanos que ejercemos de ello y que atisbando la llegada de  nuestro mes nos preparamos para el principal rito de paso que es la Semana Santa, todos de traje y corbata, el mismo traje y corbata que usaremos en la Feria de Abril. Da igual la edad porque desde los 14 años a los 80 todos participamos como aves Fénix.

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