Virar por avante.


 Las desgracias nunca vienen solas, aparte de cosas más o menos personales un vendaval en septiembre desarboló mi velero, no le partió el palo de milagro. Bueno por fin ayer tarde me avisaron que estaba listo, así que me plante en el Puerto en un tres por dos, arranque el motor y vámonos que nos vamos afuera, subí la mayor, pare el motor, tiré de la escota y abrí velas al poniente rumbo a la costa de Huelva. Bien abrigado que este viento es tontorrón. La mente se quedó en  blanco o mejor dicho todo lo contrario, con el aire se fueron muchas aves negras que revoloteaban dentro de mi cabeza. Demasiado pasado. Tengo el sol por babor y según mis cálculos tendré luz suficiente para volver así que meto caña a estribor, sujeto la botavara y viro por avante. La proa de mi barco cruza el viento mientras que la vela cambia de lado, pongo la caña a la vía y ahora es el faro a quien veo al fondo. El sol ya está suave, amarillo naranja, va cayendo el viento pero llevo buena marcha así que me dejo llevar por la tarde camino de mi mismo. Se fueron los pájaros y viene a mi memoria un rostro de mujer, unos ojos inmensos y una boca enmarcada en su sonrisa, la echo de menos.

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