Objeto de estudio.


 Mi agenda de contactos se está volviendo muy especializada. Los número más frecuentes son compañeros míos de medicina o sus hijos o hijas también médicos porque algunos ya están jubilados, así que entre quedadas para comer los compañeros más cercanos y visitas a sus consultas  no salimos del tema. Más de una vez les aviso que hablen más quedo porque nos disparamos hablando de casos  clinicos en el restaurante y más de una vez ha venido el maitre ante la cara de espanto de los  clientes más cercanos. Ahora vivimos un tiempo en que somos objeto de estudios los hombres en particular, todo quisque tiene una opinión certera de como somos, lo ineficaces e incapacitados para el mundo emocional, sospechosos de ser patriarcas además de vehículo de transmisión de la violencia. Total leas lo que leas nos deja hechos unos zorros en este capítulo de la novela sobre la raza humana. Cuando se calmen las aguas del feminismo,  de la revolución del género y nos veamos todos frente a frente sobre la mesa de estudio de los estudiosos, veremos como queda la humanidad, mejor dicho, esta parte de la humanidad que tiene tiempo y dinero para verse a si misma. Por lo pronto en mi tiempo libre que es todo el día leo, pienso y me observo desde que tengo memoria y debo haber sido o muy idiota o tengo una familia en sentido histórico muy amplia pero desprovista de toda esa problemática. Por supuesto que existen, existieron y existirán esos roles del género, pero nadie se lo planteaba, además era lo que había y eran buenos en ausencia de alternativas. Yo he conocido el fin del siglo XIX en mi país, en este rincón suyo que era aún más atrasado que otros, mis abuelos vivían en medio del campo e iban al caserón del pueblo con tres grandes familias más, una casa que daba a cuatro calles con  corral y granero dentro, aún sigue en pie solo que llena de ocupas. Imposible repartir una herencia para varios cientos de descendientes. Pertenezco a una generación como nunca habrá otra en España, personas que del campo pasaron a la universidad y llegaron hasta el gobierno de la nación, pero por miles, no unos cuantos. Este grupo que ahora nos reunimos a comer tenemos todo en común que nuestros padres a pesar de no ser nadies, hicieron la gran revolución, negarse a sí mismos para que nosotros no repitieramos su historia, no ser nada para matarse a trabajar y volver a no ser nada. Por eso cuando ahora somos objeto de estudios sociológicos, antropológicos y demás me lo tomo con filosofía, en voz baja les diría que comenzamos a entendernos, lo que nos ha pasado y como somos y nos sentimos por dentro, quizás alguien nos lo preguntará antes de opinar. ¿Cuáles han sido mis emociones en estas décadas?, las teníamos, las tenemos o nacimos sin ellas me pregunto. De vez en cuando alguno de los presentes levanta un pico del mantel y la charla transita por esos lares sobre todo ahora que la mujer no es objeto e nuestra dialéctica y el que aún tiene pareja ha firmado la paz por lo que queda de vida. Por lo pronto  nosotros y ellas nuestras compañeras de viaje,  hemos entregado el testigo a otra generación trabajadora y estudiosa, la siguiente la llaman de cristal. Otro refrán más que se cumple, sabiduría popular. 


 

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