Confusión.
”No puedo dormir, no puedo concentrarme, no sé si soy buena o mala en la cama, odio el dolor, no puedo tener hijos, me cuesta tomar decisiones, no puedo mantener una relación amorosa, padezco depresiones, y tomo demasiados tranquilizantes. Bebo, miento, y, con frecuencia, deseo morir, aunque tengo pánico a la muerte y a las cosas muertas. Quiero amar, y, al mismo tiempo, lo sacrifico todo por mi carrera. Soy ignorante, tonta y vulgar, y leo libros y tengo maestros que creen que puedo ser una gran actriz, pero no puedo recordar los parlamentos del guion. Soy una estrella pero las productoras me odian. Creo en el matrimonio y la fidelidad pero me acuesto con otros... Dios mío, qué confusión“.
—Marilyn Monroe. [Anotación en su diario]
Hace unos años llegue a esta misma palabra, confusión. No me afecta a mi solo, se lo he escuchado a muchos y muchas otras, lo he sentido en los abrazos, en los besos, en mitad de estar haciendo el amor o en una cita solo para tomar café aunque pudiera haber sido para más cosas pero terminamos por hablar de los últimos estrenos de cine. Hoy la vida es muy distinta de los años cincuenta del siglo pasado, dices adiós y basta, no es preciso mentir. Miller era un cerebrin pero me temo que un aburrido o quizás disperso en la cama. Di Maggio la quiso siempre pero supo desde el primer momento que no podría tenerla atada sin embargo siempre respondió al teléfono meno aquella última noche. El caso es que creo que nadie supera el examen de pareja ideal para determinadas personas, por exceso o por defecto pocas veces aciertas al elegir.



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