Dominantes, dominados.
Y a partes iguales, añado. No me refería a que una parte sea dominante y sumisa la otra aunque fuera voluntariamente. No, me refiero a dos dominantes que convergen en una relación física y emocional a la vez para ambos. Richard Burton y Elizabeth Taylor lo pasaron en grande durante el rodaje de Cleopatra, cuentan que los tenían que sacar a rastras de la cama para seguir con la película. No se si se acuerdan de Duelo al sol, un western magnífico que terminan matandose incluso los dos, un Gregory Peck fantástico junto a una guapísima Jennifer Jhones. Bueno sin llegar a eso aquellos que hayan vivido o estén viviendo (enhorabuena) algo así en su vida, matarse a abrazos besos y lo que apetezca a ambos eso es como la explosión de una supernova. Además desde dentro ni te das cuenta, solo piensas desde que amanece hasta el próximo día cómo te las vas a inventar para repetir y tripitir. Alguien preguntará porque eso no sucede en un matrimonio, pues fíjense cuando los de Cleopatra se casaron por dos veces terminaron divorciándose otras dos y luego se han descubierto muchas cartas de Burton reconociendo que era la mujer fe su vida. El matrimonio es como el funcionariado horario, faena y sueldo fijo, eso mata la improvisación y la creatividad. Me decía una amiga que su marido era como las croquetas y las lentejas, muy buenas y ricas pero aburridas, sin embargo un día de Spa, masaje, atención preferente y restaurante a la carta te renueva tu fe en la vida, te quita las arrugas, te realza el pecho después de dos lactancias, etc. Y en los ellos? Pues lo mismo pero con un plus añadido, nunca te dicen un no en cuanto al intercambio de fluidos, ya sea de mañana, al mediodía que para mi es la mejor, tarde o noche. Pero todo termina, primero porque esa marcha no la aguantas conforme llega la edad, después porque y esto es lo maravilloso se cambia el ímpetu de la pasión por la dulzura de la compañía, el cariño y la amistad.



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