Ojos azul celeste.


 Se llamaba Sacramento ahí es nada, pero lucia una melena hasta mitad de la espalda, toda lisa y brillante. Ambos teníamos ocho años pero yo no podía dejar de pensar en su pelo, tenía además unos lindos ojos azul claro,cosa que descubrí cuarenta años después y por casualidad en un entierro de un vecino común. Estuve enamorado por lo menos hasta el verano que me enamoré de otra melena pero rubia esta vez. Así que una vez fue por una melena, otras veces fueron unos ojos, sus voces, unos pechos, en fin amores Frankestein es decir por partes. A partir de los quince ya me enamoraba de la persona al completo. Perdí la cuenta de las veces que me he amorado, recuerdo incluso de una desconocida de la que solo tenía una foto y un manojo de cartas. De la última hace poco, algo especial, ninguna parte en concreto, tan solo un color de ojos, una sonrisa y un talante amigable, puede que sea admiración por su amabilidad. Si embargo la experiencia de admirar confines de personas me hace distinguir al momento a las buenas personas y quizás sea eso, que no abundan. Estamos rodeados de pencos y mastuerzos, maulas como decía mi madre, por eso atrae tanto estar al lado, encontrarte cada día con alguien así que además te regala una sonrisa bajo un par de ojos tan lindos. Incluso su nombre ya lo dice todo. Rosa. Por si acaso no se lo contaré a nadie. Quien tuviera su edad para intentarlo incluso asumiendo el fracaso, da igual, el caso es decirlo a la cara, con tacto, con amabilidad.  

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