A ratos era siempre.


 El día lo dividimos en horas, la semana en días, el año en meses o estaciones, todo para organizarnos vida  nadie cree que un mes dure varios años, además sería inaguantable un agosto de los nuestros para vivirlo. Sin embargo nos contaron que los amores eran para toda la vida, que la felicidad era para todos y duraba siempre. Siempre que cumplieran varias reglas ante los demás. El palo y la zanahoria de nuestra sociedad para que fuéramos buenos y obedientes. Sin embargo todos a una cierta edad descubrimos que existen otros periodos que no son medibles ni en horas ni en años, son los ratos. Nos vemos un rato por la tarde o haremos el amor al mediodía en el ratito de la siesta, es la intensidad no la duración, claro está siempre existe un mínimo para todo. A partir de que cumplimos ese mínimo entramos en la gloria, que es esa parte del cielo que solemos tocar con la punta de los dedos. Que usted lo mismo que esos atletas de la olimpiada de París le dieron medalla de oro con aquella chica de su pueblo pues nada un punto para la gloria, que tú marido o mujer te dice un día que está orgulloso y orgullosa de usted pues súbase al cajón, que sus niños le han regalado por su cumpleaños un libro que usted estaba deseando tener pues nada premio al caballero. Son raros, son medallas, diplomas o simplemente ha participado en esto que es la vida y hacer felices a alguien un día, una semana, un ratito........el truco es que mientras hizo feliz a la otra persona usted también lo fue. Compartir, vivir los dos a la vez, vivir con todos. 

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