La vida va por épocas.


 De niños ahora los cumpleaños de sus compis de escuela son cita obligada en la que las madres temerosas de ser expuestas en el chat de padres invitan a todos y se gastan una pasta. Luego vienen las fiestas fin de curso que abarca desde las guardería hasta el final del bachiller ataviados de becas y birretes como el fin del instituto en los norteamericanos, hasta fiestas nocturnas en barco por el mar o el río, traje y corbata o vestido de noche, todos los adolescentes van como nubes de golondrinas por tu barrio en frágil equilibrio en sus primeros zapatos de tacón. Así según la edad son las fiestas postizas que se han desbancado a los auténticos ritos de paso que seguían ritmos naturales. Antes teníamos bautizos, comuniones, bodas y al fin entierros. Vas transitando por ellos de forma inevitable y unos son más abundantes que otros simplemente por tu edad, es por tanto preocupante cuando debes asistir al que por edad no tocaba, aunque ahora los segundas o terceras bodas están a la orden del día, vestido blanco incluido en novias que echaban pestes de estas cosas de ricos, claro que ahora los ricos son ellos. También existen los entierros y lutos por mascotas muy queridas, lo entiendo porque nuestra gata nos dejó hace tres meses y aún la añoramos. Lo que sigue sin gustarme son las bodas, es lo más artificial que uno se puede echar a la cara, que pintan esos cientos de invitados que ni conocen ni tienen compromisos sociales como que sea tu jefe o tu amigo del barrio desde primaria, para que tanta fanfarria en parejas que llevan años viviendo y hasta llevan dos niños al altar, aparte que no pisan una iglesia en veinte años. No soporto dos horas de pie viendo pasar camareros con pedacitos de cosas en la bandeja, cuando por fin te sientan llegan los novios y sus ayudantes a recoger los sobres, que de eso se trata el evento, de recoger dinero para el viaje y remodelar la casa. Se oye en las mesas los múltiples casos de separaciones a la vuelta del viaje, no te devuelven el sobre nunca. Es posible que llegue a conocer entierros tipo americano con camareros y barra libre donde micrófono en mano todos cuenten cosas sobre el muerto o muerta. Un funeral de muerte se llamaba aquella película tan divertida. Es lo único que pido de estas cosas que sean divertidas y breves, tampoco los conocíamos tanto digo yo. 

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