Orillas.
Pasear por la orilla del mar con los pies desnudos, esperar allí la puesta de sol, asomarme simplemente al paseo que discurre paralelo a la playa, esperar a ver el rayo verde y explicárselo a veces a algún despistado espectador. Me he preguntado por esa sensación de paz que me embarga la mayoría de las veces frente a aquella algarabía de mi infancia cuando las mareas de Santiago. Leí en algún lado que entre la arena y la ola puede existir un saludo, un beso o una herida, depende de lo que estemos viviendo en nuestra cabeza y corazón que sintamos una u otra. Cuando paseo descalzo por la arena húmeda siento ese ir y venir del agua del mar, en realidad existen dos orillas una la del mar con la tierra, otra la del mar conmigo porque yo también tengo mis mareas, mis tormentas que combaten contra el mundo que me rodea. Ahora mismo hay como un entendimiento entre ambas, el mar me avisa cuando viene la tormenta desde allá lejos, observo las olas combatir furiosos contra el muro del paseo, necesita desprenderse de su energía, me asombra su fuerza, nosotros también hacemos igual con nuestras tormentas interiores. Esta haciendo un verano amable, también las gentes que me rodea lo son, así que la tranquilidad de unos cielos maravillosos despiden mis tardes cada día.



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