Septiembre.
Llega septiembre, un mes lleno de recuerdos siempre dulces para mí. El amor me ha llegado de la mano de este mes a mi vida, unas veces ha durado más otras menos y el principal volvió después de haberse marchado por mi culpa. Volvió como esas mareas de septiembre, calmas, suaves, subiendo con la marea muy despacio, acariciando mis pies mientras la tránsito al caer la tarde. Cada época tiene su amor, de muy joven llega de forma inusitada, desconocida, envuelta en unos ojos o una boca entreabierta que no termina de pronunciar tu nombre. Después son unos senos turgentes que se bambolean en el borde de una piscina y solo yo puedo adivinarlos desnudos con sus pezones enhiestos mientras su dueña mira alarmada su efecto en esas gotitas de sudor que resbalan por mi frente. Terminan los cursos en el instituto y llega la facultad, cada septiembre la posibilidad de una aventura, ya no son de tu barrio ni de tu ciudad, tienes éxito menos veces de las que fracasas, te destrozan el corazón a la misma velocidad que tú a ellas hasta llegar al trabajo donde quedaras atrapado por el resto de tus años. De vez en cuando con los pies bañados por las olas del verano sueñas con aquellos septiembres, con el tiovivo lleno de sorpresas que llegaban al final del verano.



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