Treinta años no es nada.


 Según la edad que tengamos, cada hombre mira a una mujer por zonas según su propio orden, la mayoría sus senos, otros el trasero y el resto el todo. Yo miro sus ojos cuando están cerca, mucho antes ya he sacado una foto mental del resto. Me detiene su forma de moverse, como se tocan el pelo o alisa el vestido para remarcar aún más su figura. La mirada es todo y existe la forma de invertir el orden. Que sea ella quien te mire, para eso hay que mirarla a los ojos un buen rato sin dejar de hacerlo, luego dejas de mirarla y cambias de postura casi dándole la espalda. De vez en cuando te giras y vuelves a mirarla, si le has gustado será ella quien busque tus ojos, a partir de ahí tu decides si quieres problemas o no. Con ella llegue a plantearme esa duda, si me merecía la pena tener problemas o seguir disfrutando de mi paz como vivo ahora. Tengo todo el verano por delante. Creo que no son una treintena lo que nos separa, son más, pero ambos pensamos cada mañana al quedar suspendido el tiempo entre los dos esa eterna duda, quien es este hombre que me rompe los esquemas y al revés, quien es esta joven que me ha puesto el reloj en hora de nuevo. La magia del tiempo o más bien me gustaría probar de nuevo aquello del primer beso, la primera caricia, el primer amanecer juntos. Darse un paseo por el cielo otra vez de nuevo, enseñar que hay más cosas tras lo que la mayoría piensa que es vivir.

Comentarios

Entradas populares