Orgullo y prejuicios.
No me refiero con este título a la novela ni siquiera al tema romantico en realidad querría referirme a una zona anatómica femenina que de ni siquiera nombrarse ahora se ha convertido en bandera de una parte de las mujeres mientras que la otra las critica decididamente en nombre de rancios prejuicios. Una famosa cantante sale al escenario y su licra remarca su monte de venus y se monta un lío sobre si es de mal gusto el enseñarlo o es un atributo para mostrarlo. Un enorme grupo de atletas femeninas de los juegos olímpicos se señalan justamente al triángulo del pubis como diciendo soy una mujer y los tíos tienen otra cosa aqui, como respuesta al caso del boxeador que no ha quedado claro su sexo ni su género. Y nosotros que pensamos y en nosotros dejo a un lado a los Peter panes y sus Barbies. Pues nos asombra la cantidad de desinformación, las vueltas y revueltas que le dais al tema, recuerdo a Kati Bates en tomates verdes fritos poniéndoseaquella reunión de mujeres un espejo para verse sus chichis, tetes, tetos, añadan todos los nombres que quieran. Yo si pudiera aconsejar a alguien le diría que le pregunte a su pareja como le gusta, rasurado o sin rasurar, teñido incluso, si le gusta el olor de ese horrible desodorante, del coñazo de encontrarte el puñetero salva slip en el mágico momento de encenderse la pasión, por favor aprenda a eliminarlo cuando vea el semáforo en ámbar con disimulo. Que si nos gusta que se remarque bajo el bikini, respuesta que por supuesto, ningún hombre se queja por tenerla grande no se porque puñetas alguien se queja de tener un maravilloso melocotón. Feliz Maria de Samaniego escribió un tratado sobre el tema, Coubert pinto un famoso cuadro con un pubis rampante y lo llamo la creación del mundo, eso es exactamente, es el origen de todos nosotros. Así que decir algo más seria que si antes todo se reducía a culo y tetas añadan con el nombre que quieran otra zona más a sus atractivos e igual que vosotras os pasáis la información de como está dotado fulano, nosotros también hablamos del pedazo de melocotón que tiene esa afortunada. Los prejuicios se lo dejamos a los envidiosos y envidiosas.



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