Pastillas, brujerías y chismes.
Hechizos, ensalmos, maleficios, mal de ojo, mala suerte, siempre habrá un porqué para no conseguir lo que queremos o creemos nuestro. Amor y sexo deben estar y lo están muy mal repartido, a veces tienes un poco o mucho de uno u otro, pero de ambos a la vez son habas contadas. Pero lo peor es que creemos que lo que tengamos va a durar siempre sin entender que por ejemplo el amor llega un día que se separa del enamoramiento, esa fuerza juvenil que incendia nuestras emociones. Con el tiempo el amor se transforma en algo mayor, algo que ya no está sujeto a los vaivenes y tormentas del miedo o la ambición, una emoción, un sentimiento que ve llegar y deja ir todos los enamoramientos que la vida te pone una y otra vez por delante, porque no faltan gentes maravillosas en este mundo. Lo mismo pasa con el sexo que en gran medida para que prenda su fuego en nosotros necesita del deseo. Existen personas que van con una antorcha en sus ojos, en su forma de hablar, en su perfume, que te ponen en llamas si tú eres material inflamable, una sola chispa incendia un monte pero no todos son ese bosque, la madera está muy repartida y hay quien nace con una ramita tan solo. Pero y las dos cosas juntas, amor y sexo que supone el milagro que todos ansían. Pues si el amor se transforma desde un huracán a una brisa suave y permanente, es algo espiritual, el deseo son embargo se extingue con la edad porque va unido a nuestro ser material. Hay amores que perduran y otros que no, pero el deseo se marcha poco a poco hagas lo que hagas y por más pastillas, bebedizos y chismes electrónicos que inventen solo el amor vencerá al paso del tiempo.



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