Ausencias, presencias.
Lo escribí en otros tiempos, que en mi familia era usual ver a nuestros seres queridos que ya han muerto. Comenzando por mi gata que murió va para cuatro meses, se aparece por mi casa que era la suya cuando le viene en gana, es curioso que siento esa ausencia más que la de otros humanos que ya han partido para el más allá. Porqué, creo que ella estuvo más pendiente de mi que ellos. Sabía cuando estaba triste o malhumorado, cuando no iba a llegar a casa y dormiría fuera, lo mejor era su olfato porque detectaba los perfumes de las demás mujeres, me bufaba como si fuera mi madre por el mismo motivo. Tengo a mi gata como a mi abuelo andurreando de aquí para allá moviendo las cosas de sitio para que yo sepa que están aquí. Me paro a pensar que lo mismo que ellos quieren que sepamos que están pues al revés existen los que deberían estar y hacen lo posible para desaparecer, gosthin le han puesto a los que se vuelven fantasmas poquito a poco en tu vida sin el detalle de decir adiós. Saben la diferencias entre los dos, radica en una sensación. A los dos meses ni siquiera las echas de menos aunque arrastren mi ropero de sitio.



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