
Tengo tres fechas anotadas ya en mi agenda para el año que viene, tres bodas. Mi esposa, pareja y amiga tiene fotografías de los vestidos o trajes que tiene en su armario y de las bodas donde se las puso. Después investiga si repiten algunos asistentes para ponerse este u otro reciclando como Leticia, que ahora ya no es de pobres, ahora es de cuidar el medio ambiente. Yo no tengo problemas como el noventa y nueve de los maridos. El traje azul o el gris marengo, hasta lo de marengo descubre mi edad. Con esto describo la importancia que en las bodas tenemos los hombres en nuestro papel de acompañante, eso sí llevando una bolsita con los zapatos cómodos si el auto cae lejos. Afortunadamente ya estamos de vuelta de todo tipo de bodas, religiosas, civiles, chamánicas, heterosexuales u homosexuales, con hijos en el mundo e incluso nietos. Me reí con un chiste en la boda anterior que decía ....antes los padres tenían muchos hijos, ahora los hijos tienen muchos padres. Ya aquello de niños con rizos dorados llevando los anillos y las arras se transforman en algún acompañante con un andador eso sí de chaqué. Pero lo que no hemos cambiado salvo raras excepciones es lo de la barra libre, libre de qué me pregunto, la mitad ya no bebemos alcohol la otra mitad es la que va a conducir, mejor poner dos barras, una de café descafeinado con leche sin lactosa y la otra de infusiones exóticas que inducen al sueño, a mover el bajo vientre, que disuelven los michelines etc. La barra libre del alcohol durante dos horas con un pinchadiscos de nombre impronunciable es para la generación que curiosamente no tienen al matrimonio entre sus objetivos más próximos. Veo a la novia mirando al elenco presente preguntándose a quien le va a tirar el ramo, se pregunta que quizás a ese chico tan arreglado que trae a su novio, puede que de todos los presentes sean los más ilusionados en lo de casarse, a fin de cuentas es el grupo recien llegado a esto del matrimonio.
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