Las señoras siempre van primero.


Por lo que leo me doy cuenta que estoy más o menos en sintonia con los entendidos más modernos. Por lo visto son las hormonas las que nos pulsan las teclas para tener deseo, apego o amor romántico. Cada cual tiene su cóctel hormonal distinto. Que las del deseo se disparan al ver un señor o señora particular pues te entran ganas de darle un lameton en el cuello o en otra parte, si son las del apego pues nada a comprar piso, ir a Ikea, abrir un plan de pensiones, por supuesto dar el rodillazo y una mantita para arrebujarse en el sofá los dos juntitos, pero si es la del amor romántico resulta que es la más peligrosa porque no tiene fin. La del deseo pues la naturaleza al menos a nosotros nos "baja los animos" por no decir otra cosa, aparte que ocho horas estás en el trabajo así que necesitas tiempo. La del apego igual,  por más hormonas no vas a comprar más muebles ni estar más juntitos sin meter un codo en sus costillas. La del amor sin embargo se infiltra en tus neuronas y no te deja vivir llegando según estos entendidos a crear una adicción por efectos de un exceso de hormonas. Entiendo que lo de enamorarte más o menos es según tengas más o menos hormonas, no es que su marido sea una despegado o poco cariñoso, es como ser diabético que le falta insulina y lo contrario , el exceso también es una enfermedad. Pero lo verdaderamente llamativo es que lo habitual es que estos tres estados no suelen darse juntos. Puedes ser Casanova y lo del deseo lo practicas a destajo, pero ni se les declara ni busca un pisito. Está él o la del pisito que lo del deseo le suena a chino y está los sempiternos románticos que van esparciendo poemas pero controlan minuto a minuto la vida del o de la desafortunada musa. Doy gracias a la ciencia por dejarme por fin vivir tranquilo conmigo mismo y mi particular cóctel de todas esas hormonas porque ellas han decidido mi vida. Cuantos mas años tienes el apego sube en importancia o necesidad, el deseo surge por sorpresa sin ningún orden, pero lo que me inquieta es lo de enamorarse a partir de cierta edad porque es un desbarajuste personal, no puedes ofrecer ni deseo ni apego, a lo sumo quizás una traca fallera del trío,  breve pero intensa. Sigo embobado con esa chica de rojo, está casada pero se permite un leve y casto flirteo preguntándose qué le encuentro de interesante por mis miradas, esas preguntas que se hace una mujer cuando se ha estrellado en la cara B del apego de pronto te topas con niños, guarderías, colegio, hogar, trabajo, suegra  perros, todo ello en un día que no dura más de veinticuatro horas y ella sin media hora para mirarse. "Llevo tres días con la misma coleta" le oí decir al pasar a su lado. Rezo para que esas hormonas de lo romántico me duren lo justo, hace quince años ya le hubiera susurrado lo bonita que es. Pero algo añado de mi propia cosecha....cuanto más atractiva es una mujer, mayor es la lección que vas a aprender en la vida, porque la vida te coloca personas atractivas para que aprendas y evoluciones, puede que lo haya leído ahora que caigo.

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