Entre el miedo y la esperanza.
Por muchas cosas está película tuvo un gran impacto en mi vida además de la belleza de sus imágenes. En estos últimos días del año se nos presenta la duda sobre el que viene, como será, lo esperaremos como aquella maiko pensando en su futuro. Cuando lo económico deja de ser lo primero y son los afectos, emociones o sentimientos los que te preocupan signo de una cierta debilidad, de miedo a qué sucederá a nuestro alrededor. Qué tal hemos sido para los demás y con los demás, cómo está de llena nuestra cartilla de ahorros en cuanto a afectos. Estás fiestas sirven como termómetro de nuestro entorno más próximo por lo grandes o pequeñas que sean las reuniones de familia y amigos. Fomentar estos eventos necesita de un trabajo de todo el año y de muchos años atrás, estar atentos, mantener el contacto, tener la iniciativa, ser de olvido fácil para lo malo y memoria de elefante para lo bueno. La vida es como una pista de coches de choque en la que la risa es el premio ante la cantidad de encontronazos, de eso se trata, tener un buen ambiente con todos. Está semana sorprendí a una persona entregándole un regalo pequeñito por la Navidad, quería agradecerle que haya logrado que fuera todos los días de la semana al gimnasio, su sonrisa, sus ánimos incansables, lo que me ha producido primero vencer a la indolencia y mejorar mi forma física un cien por cien. Se le soltó una lágrima porque era el primer regalo en casi veinte años de trabajo, su regalo fueron dos besos. Me vi retratado a su edad en muchos de sus comentarios sobre la Navidad y quise romperlo con un detalle, la esperanza que todo puede cambiar en la vida. Aquella geisha fue un gran regalo hace años, una gran persona apareció en mi vida y me enseñó que la esperanza es la ilusión de algo mejor que viene de camino. Tengo en el teléfono móvil grabado algunos temas de la película. Lo pongo para recordar que siempre tenemos que enamorarnos, de alguien nuevo en tu vida, de lo que tengamos, de lo vivido bueno y malo que de todo se aprende. Espero el primer día del año con esperanza. La primera volver al gimnasio y encontrarme una gran sonrisa, por cierto es guapísima y se parece a la geisha.



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