Quien nace gordito, tontería que lo fajen.
Nos consideramos normales en todo, es más estamos convencidos que los demás son idénticos a nosotros en las actitudes, los comportamientos, los gustos....y cuando alguien hace algo diferente o piensa o expresa una elección distinta pues lo etiquetamos de raro. El fallo es siempre el generalizar como si todos tuvieran que hacer lo mismo que nosotros. Hay gente para todo te dirá cualquier persona después de los cincuenta años y es cierto. Sin embargo después de muchos años llego a la conclusión que somos un cocktail de muchas cosas. Podemos ser un buen cocinero y un pésimo compañero de mesa. Guapo y un plasta para compartir un viaje. Ser simpático y pésimo amante. Así hasta el infinito y en cuanto a las necesidades físicas o emocionales nadie es igual a otro. Tendríamos que volver a explicar que una cosa es lo normal y otra lo habitual. Todos somos normales pero alguno es menos habitual que otro. Ser un lector habitual como yo que leo un par de libros al mes, que tengo metido libros en cualquier rincón no es lo habitual, tampoco que me guste escribir al menos la cara de un folio. Pues existen los que jamás han leído un libro por placer o curiosidad y todos somos normales. Que ocurre cuando en un arrebato emocional basado en tres sonrisas, un baile, un escote, dos charlas sobre lo bonito que es Roma o Paris y una noche de hotel de vaciamiento hormonal, decides que es la persona que faltaba en tu vida, pues es lo mismo que jugartelo a cara o cruz. Si eres de los que te gusta cocinar, comerte un dia una hamburguesa no pasa nada, pero siete en una semana para ti ya sobrepasa tus peores sueños, para el otro puede ser al contrario un nirvana. Conozco a personas que uno o dos encuentros de sexo al mes es suficiente, no sienten necesidad ni ese deseo que tanto repito en muchas entradas. Pues después como digo de tantos años me quedo con mí manía de escribir en mi libreta las cosas que son vitales para mí, como la lista del supermercado y después observo si el o la que está frente a mi podría convivir conmigo. No pasa nada seguro que con otro u otra irá de muerte. Porque muchas parejas llegan hasta los ochenta, pues porque son iguales. Ambos comen hamburguesas o las odian, ambos leen libros o no los echan de menos y o hacen el amor una o dos veces al mes o lo hacen cinco en semana. Hay gente para todo, solo consiste en observar, preguntar e indagar partiendo de una premisa que nadie tiene en cuenta. Nadie cambia con la edad, el que tiene un plátano en el oído nunca le gustará la música, al que le aburra un libro jamás tendrá una biblioteca y al que no le atraiga el sexo lo más que hará es una faenita rápida. La vida es larga piénselo.



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