Selfies.
Encontré esta imagen y me recordó a una chica que me envió una foto con una taza de café también entre los muslos, al día siguiente la miré fijamente pero como siempre me dio el bufido habitual suyo. Pensé que habría sido una equivocación, tiempo después me llegó otra foto en una hamaca de la playa, también exponía sus muslos incluso un poquito del final del bikini, está vez la observé de lejos y tampoco dió señales de nada, una tercera dentro de un jacuzzi y supongo que desnuda, pero fue en Navidad que me envió una selfie del pubis, se lo había depilado en forma de abanico y no estaba mal, por si acaso la bloqueé y hasta hoy. Supongo que cuando el destinatario negó haberlo recibido miraría a quien lo envió. Desde entonces baja la mirada pero no me bufa, ahora compartimos un selfie de su zona ya no tan secreta. Desde luego está forma tan moderna de compartir cosas personales no va conmigo, por supuesto no me escandaliza, simplemente me inclino por otra forma quizás más antigua con idéntico fin pero con otros métodos, hemos cambiado de cenar en un buen restaurante a masticar trozos de pizarra con la boca abierta y el ketchup marchándote la camisa. Era bonito encontrarte con un pubis depilado con arte en el momento preciso, después de retirar suavemente la lencería. Dicen que el porno lo ha trastocado todo, puede que sea eso.



Comentarios
Publicar un comentario