Sin rumbo.
Vaya por delante que ante la imagen de Salma lo menos que podría decir es admiración por su belleza, por su oficio de actriz y claro está por su cuerpo, pero salvo el reconocimiento profesional el resto ni se me ocurriría decirlo de viva voz a ninguna señora, porque cualquier palabra alabando su belleza o su anatomía estática o dinámica puede ser tomada como ofensiva, ya que de hecho ninguna mujer espera hoy mi aprobación o cualquier opinión sobre ella. Los hombres hoy estamos a la defensiva porque la amenaza es seria, aquellas galanterías por muy educadas que fueran hoy están proscritas. Puedes decirle a una chica que viene muy elegante y ella responder que tú opinión le importa una higa o que si intentas algo con ella. Hemos aprendido a estar mudos, no quiero ni decir nada sobre mensajes o correos, nada de nada, que esos pueden tener su importancia incluso veinte años después. Se dan hoy por ello circunstancias irrisorias como el despliegue de leggings, mallas, tangas, super escotes, que enmarcan eso que llamábamos zonas erógenas. Pues los chicos como si nada, ni vuelven la cara, tratándolas de colegas. Se ha perdido me pregunto la atracción o el deseo por el otro sexo, por la seducción, por el simple deseo de cortejar a una chica solo por el gusto de compartir un tiempo o espacio. Aquello de palabras de amor, ramos de rosas rojas, bailes a la luz de la luna, robar un beso. El guion hoy es el de cualquier película de porno de las malas, aquí te pillo aquí te mato pero todo sin palabras ya que puedes ofender. No se, creo que todo es más sórdido si le quitas los atardeceres, los aromas de la noche, las palabras bonitas, los besos en el cuello y más tarde el desnudo, pero paso a paso, prenda a prenda, con suavidad, sin prisas, como se deshoja una rosa. Por lo pronto los hombres creo que vamos sin rumbo saturados de nalgas y tetas. Me encanta Salma Hayek.



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