Caricias.


 Lo llamábamos hacer manitas, literalmente cogerse las manos por encima o debajo de la mesa o en el cine. A veces no era exactamente la mano y si un muslo, la cintura o un pie por debajo de la mesa. Hacer manitas era en suma acariciar una parte de esa persona a la que estabas deseando acariciar el resto de ella. Se puede acariciar de otras maneras por ejemplo besándola o mirándola. Es curioso pero en estas últimas semanas me han acariciado con la mirada resultándome tierno y agradable. Fué cómo un déjà vu de tiempos pasados, no todo el mundo se ha dado por vencido en el uso de señales del idioma de la seducción como señalarte con la punta del pié, mirarte fijamente al beber de la copa desde el extremo de la barra y después presionar un labio sobre el otro, que decir de ese roce al ir al servicio pasando a tu lado. Esto es como la vuelta al libro de papel o ver películas en el cine, la vuelta al buen gusto. Puede que un día volvamos a bailar y no hacer gimnasia, no me refiero a aquel agarrado como en una pelea de monos, digo de un buen baile de a dos sabiendo los pasos con elegancia.

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