El rostro de la inocencia.


 Era mirar su boca y la mía se volvía miel al sentir el sabor de sus labios, miraba sus ojos y me sentía bambolear en la hamaca del viento, miraba su hombros e imaginaba un abrazo de bienvenida, miraba sus ojos y sentía como me iba derritiendo delante suya. Mi corazón iba acelerado como una máquina de vapor del siglo pasado al subir la mínima pendiente mientras mi boca se iba ensanchando en una sonrisa de idiota embelezado en el rostro de aquella mujer. A todo esto ella que no se enteraba de nada o sí se enteraba  hacía lo que cada chica sabe desde hacer desde la cuna, era  el vivo rostro de la inocencia y paso de largo por mi lado.

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