Esas desconocidas.


 No te entiendo cariño. No sé cuántas y a cuantas le habre dicho estás palabras. Una vez un gran amor y gran amiga me respondió...mira muchos días ni yo mismo me entiendo así que olvídate tú de entenderme si nosotras misma no podemos. Está tarde mientras escribo paso revista a la cantidad de chascos que me he llevado, recuerdo un día que después de planearlo hasta el detalle quedamos para un día de sexo loco y a mí que me encantan como a buen Leo los detalles llevaba pensado hasta el mínimo detalle para sorprenderla, así que llevaba desde pétalos de rosas para esparcirlos sobre la cama a bombones de chocolate, dos botellitas de champán. Cuando llegue estaba sentada en el sofá con una cara de haber recibido una cita de Hacienda o una gastroenteritis. Parecía haber llorado, despeinada, sin rastro de su pintalabios que yo creo que desde su primera comunión ya no dejo de pintarselos, total que le hice la pregunta fatídica...que te pasa....nada cosas mías....y ahí queda toda respuesta. Pero lo mismo podría contar lo contrario, que después de despedirnos una tarde a punto del doble asesinato, al día siguiente me esperaba en la esquina casi con la combinación blanca en plan Gata sobre el tejado de zinc (caliente). Por supuesto yo sin afeitar después de la anterior despedida. En fin el tiempo y la edad me enseñó que estos cambios son misterios de la naturaleza, de la biología, no se si viene en el ADN o en la influencia de Júpiter y si no lo saben ellas que puñetas iba a saber un torpe como yo. Luego me pasaba su mano por mi pelo y añadía...anda quedamos para otro día. Le dejé los bombones y me llevé el champán.

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