La Dama del lago.
Somos como dos tenistas lanzándonos bolas con mejor o peor intención, pero separados por una red. Una red invisible, virtual pero real. Además dicha red nos permite amagos, bolas profundas dejadas al borde de la red donde para devolver la jugada casi nos rozamos el pelo. Unas veces me lanza una bola a la raya de fondo, luego una cortada, me tiene trotando a su alrededor animándome con una gran sonrisa. Lo que más le gusta del ejercicio es que voy a todas las bolas intentando devolverlas. Cuando no puedo da unos saltitos de alegría. Alguna que otra vez la sorprendo con un golpe inesperado, me mira con sorpresa y entonces le regalo mi mejor pose," que tal Dama del Lago le pregunto". En realidad todo esto transcurre mientras hago mis ejercicios en la piscina bajo su par de ojos que me vigila, me alienta, me regaña, me sonríe, me fustiga y me premia virtualmente con un par de besos también virtuales. Porqué serás tan joven me pregunto admirándola, porqué serás tan mayor me dice con su mirada sonriéndome. El amor en sus inicios tiene estas sorpresas. Así es la vida, nos decimos con un hasta mañana.....quieres un café mañana? Dama del lago?.



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