Legado.
Pavero le decimos al diputado que se encarga de llevar, cuidar, controlar y enseñar a los pequeños monaguillos que van delante de los dos pasos de mi Hermandad. Son nuestros polluelos, herederos de lo que fuimos nosotros un día que al salir ataviados con mimo por madres y abuelas nos entregaron un pedazo de historia viva que debemos cuidar para los hijos. Las Hermandades impulsan unas veces al clero, otras lo frenan, los mantienen en los cauces de la realidad humana de a pié. Conocedoras de las flaquezas, de las auténticas necesidades materiales primero y espirituales después de los que viven en precario acuden tras el nombre de un cristo o una virgen en su ayuda. Que no sepa tu mano izquierda lo que da la derecha. Quinientos años celebran ya muchas de estas hermandades de su fundación y tras el oro y la plata del arte externo se oculta la mano tendida, la mirada cómplice del pavero que recuerda la de su padre un día al salir de monaguillo.



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