Ellas y nosotros.


 Si nos hicieran un estudio profundo de nuestra psique creo que seríamos el resultado  de una amalgama de la presencia de personas, lugares, libros, viajes, ciudades, amigos y amores, en mi caso ellas. Las mujeres  creo que han moldeado nuestra vida con el amor o el desamor, interés o desinterés, a través del sexo o sin él. Los viajes, los libros o las ciudades también nos aportan elementos esenciales para después organizar el como vemos nuestra vida, pero ellas nos hacen sentirla, le dan color y profundidad, como ponerte aquellas gafas para ver tú vida en 3D. Por eso soy de los que dicen que debemos enamorarnos todos los días, del todo o solo un poco de alguna mujer que valga la pena y eso es un concepto amplio o cambiante según la edad. Desde una melena larga a los trece años hasta ese café humeante al levantarte por la mañana o después de la siesta cuando ya las canas vivieron para quedarse. El enamoramiento de los hombres es lo que las hace estar plenas, les da estabilidad, no hay nada que la atraiga más que esa mirada nuestra de admiración por toda ella, no por sus piernas o escote que también les gusta sino por el completo. Es curioso a los hombres nos gusta gustar por los detalles ya sean físicos morales o éticos, ellas se derriten por todo junto, ser una sola, toda tú me gustas o me enamora les digo. Se puede uno enamorar un rato, varios días o meses no importa si solo es platónico como antes se decía de aquel amor sin sexo. Ahora todo lleva incluido el sexo como la crema pastelera, puedes ser amigo con sexo e incluso un desconocido con sexo, sin embargo un enamorado cada día es más escaso, peligroso incluso diría yo. Lo que ha cambiado la vida,  antes los peligrosos éramos los hombres que solo íbamos detrás de una aventura en la cama ahora el peligro vienes si las enamoramos sin un futuro claro. El futuro, el tiempo se ha convertido en la moneda, hasta que la muerte nos separe, la hipoteca, o el que va a pasar con lo nuestro dentro de treinta años. Yo que sé, mi empresa no sabe si existirá aquí o en Taiwán en dos años, después está el COVID o lo que venga. Mi madre siempre estuvo esperando que un jeque árabe le pusiera una perla en el ombligo y se la llevará, era broma decíamos, hoy no estoy tan seguro. Es la versión feminista de la ucraniana o bielorrusa que nos pueda rescatar a nosotros. Se le cae la baba a toda la pandilla nuestra cafelito en mano cuando alguno que está enterado de cómo está el mercado ucraniano  pontificando que son como las españolas de hace treinta años. Yo pienso en mi madre y que padre protestaba porque a las mujeres no las entendía ni Dios. Así que pienso que el cambio no es a mejor, siempre hay un pero. No estoy enterado si ellas hablan del mercado árabe o norteamericano o Chino. Con Trump, Ji Chin Pi o Putin no resultan muy estimulante el panorama. Por si acaso mañana miraré a mi monitora e intercambiaremos sonrisas platónicas.

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